martes, 27 de marzo de 2012

Con sombrero y nada más

Me gustan los sombreros porque son como elementos de un disfraz. Te permiten expresar un estado de ánimo y sugerir un personaje, proponer un juego al que te mira. Me parecen tan hermosos que saldría a la calle vestida solo con uno de ellos, y unos tacones a juego.

Elegiría cuidadosamente el modelo: gorra para el día en que me sienta más gamberra y quiera que me lleves a un rincón oscuro donde me arranques las risas a mordiscos. Pamela cuando me despierte con ganas de conquistar a un romántico que me haga flotar y bailar desnuda sobre los tejados. Los de plumas los reservaría para una ocasión especial, una de esas en que salgo decidida a comerme el mundo y a los hombres que lo habitan, del primero al último, resonando mis tacones contra el pavimento como primer aviso. Y en capítulo aparte está el de ruda vaquera, mi fetiche. Ese, ese solo se lo paseo a mi montura preferida...

domingo, 25 de marzo de 2012

Hoy, urgente

Hay días que me gusta urgente, rápido, sucio. Aquí te pillo, aquí te mato. Sin contemplaciones. Noto esa mirada tuya quemándome la piel y mis nalgas ya tiemblan. Saben que empezarás por ellas. Las sujetarás firmemente, me arrimarás a la pared y me bajarás las bragas, para después encajarme en ti. Yo un abrigo que cuelgas en tu percha. Los besos serán lenguas de lava que recorrerán mi boca y mi cuello mientras ondas sísmicas me sacuden entera. Una erupción que será rápida y devastadora. Espero el magma que ascenderá con desesperada urgencia y estallará dentro de mí abrasándome, convulsionándome. Quedaré arrasada. Satisfecha.

Venus entrando en el mar

En la casa de la playa la bañera está sobre el mar, con vistas directas. A ella le gusta ducharse con la ventana completamente abierta, para poder disfrutar del oleaje, del cielo y las islas, y, por qué no, para que bañistas y paseantes puedan disfrutar de ella.

No le importa ser consciente de que buzos y surferos miran-admiran su silueta. Es más, le gusta, la invita a enseñarse, a recrearse en gestos lentos que acompasen el batir de las olas en las que ellos se adentran. Y sueña que es la misma espuma que bate en la playa la que resbala por su piel, dejándola blanca como arena.

jueves, 22 de marzo de 2012

Capezzoli di Venere

Como los de una Venus recién salida de aguas frescas, mis pezones siempre se muestran ufanos. Presumen de tetina perfecta para amamantar crías.

Son osados y altaneros, apuntan constantemente al futuro, convencidos de un porvenir glorioso.

No son rosados, como otros. Los míos son chocolate con leche. Supongo que esa tonalidad habla de su total falta de inocencia, o de mis probables ancestros angoleños.

Tienen la forma perfecta para ser chupados y lamidos. No son esquivos a la mordida humana. Muy al contrario: parecen concebidos para provocarla.

Cuando adolescentes, se ocultaban azorados tras una carpeta. Ahora, ya adultos, después de haber cumplido sus fines nutricios, salen a la calle orgullosos de sí, y no le temen al frío.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Manos que la primavera se me lleva

Unas manos que nunca me acariciarán, no llegarán siquiera a rozarme. Jamás abarcarán mi cintura, no sabrán si ardo o estoy fría, si tiemblo, si sudo, si me estremezco.

Buscarán a ciegas mis pechos en otros troncos, mis labios en otros rostros, mi espalda en otros torsos.

Nunca llegarán a medir mi piel a palmos, ni dibujarán mi ombligo. No se enroscarán en mi cuello, no treparán de mis orejas a mi pelo.

Nada de eso harán jamás. Y yo jamás podré dejarlas hacerlo. Manos que huyen, que parten lejos. Se me desdibujan, se me desarman. Dejan de ser manos antes de haber llegado a serlo.

Yo soy la última

Pertenezco a una raza extinta, una raza sin nombre.

Estúpidamente porfío en buscar iguales a mí. Nunca he encontrado ninguno. Aún así, cada nueva luna me echo al monte, vuelvo a entregarme a la tarea como si fuese mi primera batida. Me desnudo una vez más y unto mi piel con los pigmentos que mi padre me legó al morir. Él dijo que me servirían para que otros de los nuestros pudiesen reconocerme. Mintió: ya no queda ningún otro. Yo soy la última. Soy sola en mi especie. Soy sola.

lunes, 19 de marzo de 2012

La ducha

Me gusta cantar en la ducha. Mi voz resuena en todo el espacio, por muy susurrado que sea el canto. Corre fácil por las superficies lisas y pulidas, sin tropezarse en nada. Al tiempo me enjabono con energía, no rabiosa, pero sí liberadora, hasta quedar limpia y suave, como si estrenase piel. Y al acabar, me respiro hondo y me embriago de los aromas que desprendo: a frescor de jardín, a rocío de verano, a humedad tibia. El agua muy caliente me ha dejado blanda y dúctil, como figura de barro recién amasada.

Envuelvo mi cabello mojado en turbante en forma de caracola y me contemplo en el espejo. Sí. Esta de ahora soy yo. Sin afeites, sin maquillajes. Soy yo en mi más pura esencia.