sábado, 22 de septiembre de 2012
Tu montura
Mi pelo es tu brida. El deseo me cabalga por dentro. Quiere acelerarse, desbocarse, pero diriges mi galope. Soy animal entre tus manos, montura entregada. Y tú, jinete curtido en mil carreras.
viernes, 14 de septiembre de 2012
Nudos de piel desnuda
Relajados, abandonados el uno al otro. Atrapados en un bucle de sueño-vigilia que quisiéramos infinito.
Nuestras piernas anudadas no nos sueltan. Las risas saltan de una boca a otra y se cruzan con nuestras historias, que se tropiezan y se encuentran, a veces antes de asomar fuera de las cabezas.
Yo te leo los ojos, tú lees los míos. Y la quietud vuelve de nuevo. Solo mi mano en tu vientre, la tuya en mi espalda. Mi aliento recorre tu pecho.
Un aleteo de mi pestaña, y se escucha otra vez el tiempo.
Nuestras piernas anudadas no nos sueltan. Las risas saltan de una boca a otra y se cruzan con nuestras historias, que se tropiezan y se encuentran, a veces antes de asomar fuera de las cabezas.
Yo te leo los ojos, tú lees los míos. Y la quietud vuelve de nuevo. Solo mi mano en tu vientre, la tuya en mi espalda. Mi aliento recorre tu pecho.
Un aleteo de mi pestaña, y se escucha otra vez el tiempo.
sábado, 1 de septiembre de 2012
No me olvides
Desnuda, desarmada. Ante ti, ante el mundo, ante mí misma. Y sin embargo cubierta de besos y de palabras. Rellena de recuerdos que se irán apagando poco a poco, pero echarán raíces en mis entrañas y florecerán cada verano como no me olvides.
martes, 31 de julio de 2012
La rapsoda
Exhausta de tanto leer. Sus ojos y su boca estaban tan secos como húmeda y lúbrica la polla de él.
El sudor que la piel de su rostro rezumaba en aquella noche tórrida, rodaba lento y silente hasta las páginas del libro, empapando y emborronando las palabras que se desdibujaban a medida que ella las leía en alto.
Su mente se desdoblaba: se introducía en aquellas historias guarras que su boca rapsoda traducía a espasmos, mientras su piel gritaba en silencio: fóllame de una vez. Hazme ya todo esto que te cuento.
El sudor que la piel de su rostro rezumaba en aquella noche tórrida, rodaba lento y silente hasta las páginas del libro, empapando y emborronando las palabras que se desdibujaban a medida que ella las leía en alto.
Su mente se desdoblaba: se introducía en aquellas historias guarras que su boca rapsoda traducía a espasmos, mientras su piel gritaba en silencio: fóllame de una vez. Hazme ya todo esto que te cuento.
jueves, 19 de julio de 2012
Menos es nada
Replegada sobre mí misma, gastada por el tiempo, acobardada por la circunstancia. Hay telarañas en la palabra. Hasta que el deseo galope de nuevo dejando tras de si un camino de historias, me aferro al consuelo de mi música y mis imágenes. Menos es nada
lunes, 16 de julio de 2012
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