miércoles, 13 de marzo de 2013

Ambrosía

Ambrosía de mi pecho,
dulce de leche
que aguarda tu boca, tu mano.

Pecho breve
que tu pensamiento abarca completo.

Trémulo espera
la mirada que lo dibuje y lo defina.

lunes, 21 de enero de 2013

Un pasillo de hotel sin nombre

Un pasillo de hotel sin nombre en una ciudad cualquiera. Al salir del ascensor y doblar la esquina espera una mujer sin rostro. Es sólo cuerpo, toda ella carne agitada por un deseo anónimo. Sus rodillas contra la moqueta, la espalda formando un arco con la pared de papel pintado contra la que restriega su pelo.

El hombre se detiene y la contempla. Enciende calmoso un cigarrillo. Con cada calada ella se consume un poco. Se inclina hacia delante y él se aparta. Lo mira suplicante. Clava sus ojos en el cigarrillo y aspira su humo como si así pudiese poseerlo.

El silencio se inflama con cada jadeo hasta que un grito ahogado se derrama por el suelo.

Al fondo del pasillo mal iluminado se abre una puerta. Frente a la escena se detiene un joven que le tiende la mano, recoloca su falda y le arregla el pelo. La besa largamente.

Mientras se alejan cogidos del brazo un cigarrillo encendido cae sobre la oscura moqueta.




jueves, 3 de enero de 2013

Necesitar o querer? Cuál es la diferencia? Dónde está el límite? Y quién lo pone, tú o yo? Qué importa ya...

domingo, 30 de diciembre de 2012

Cuatro viejos tipos para una nochevieja

Pronto se cumplirá un año de mi llegada a twitter. Cierto es que cuando aterricé por allí ya peinaba yo algunas canas y tenía el culo pelado de andar por el mundo. Así que no caí del guindo al descubrir la variopinta colección de hombres cantamañanas que cabe en el 2.0, pero es cierto que en el entorno virtual resulta más complicado detectarlos. Si en la calle se les ve venir de lejos (ya suelen tener rasgos físicos de gilipollas), en twitter te llevas a veces decepcionantes sorpresas. Aparte de otros, que imagino me quedan por encontrar, éstos son los cuatro tipos de cantamañanas que más abundan.



- El macho ibérico: acostumbra a presumir de habilidades y medidas de las que en realidad carece. Cree saberlo todo acerca del sexo contrario, y resulta inaudito lo convencido que está de poder complacernos a todas, incluso a todas a un tiempo. Se piensa a sí mismo como azote de féminas, cuando en realidad le cuesta un mundo despegarse de la barra de bar desde la que, acodado, vive a la conquista de presas ingenuas. Se le enfría la sangre más que la copa que sostiene si se le acerca cualquier mujer que no huela a cervatilla tierna, y suele salir huyendo por piernas.



- El “pro”: normalmente pro-fesional liberal relacionado con el mundillo del audiovisual y del diseño. Tiene el pequeño vicio de creerse ombligo del mundo y piensa que éste no se extiende más allá de sus cuatro amigos y coleguitas del ramo. Tiende a ver a todas las mujeres como secretarias a punto de bajarle los pantalones tras su mesa de despacho de mucho diseño. Y muy probablemente las secretarias de su oficina se reúnen en torno a la máquina del café para comentar entre ahogadas risas su última babosada. Se siente llamado a dar lecciones de vida y estilo. Cuando quiere hablar bien de sí mismo, no tiene otro recurso que colgar fotos del restaurante caro al que ha ido. Bajo su barba de hipster le asoma la urticaria provocada por la tensión de estar tan pendiente de su barrigudo ombligo.



- El caballero español: éste es el cretino por excelencia. Grotesca caricatura de sí mismo, colecciona valores trasnochados que no son sino tics arrastrados desde su pasado glorioso. Llama a las mujeres reinas, y las trata de sirvientas. En cualquier caso le cuesta sentarse a la mesa con ellas, a su misma altura, si no es para hacer manitas bajo el mantel. En foros públicos se erige en modelo de elegancia y buena educación, y ya en privado se le olvida el manual, que se ve lo deja en casa. Le gusta presumir de condición de caballero, pero tiene la capa en el tinte, y el clavel de su solapa es de plástico.



- El eterno dubitativo: éste parece más gallego que yo, aunque no lo sea: el pobre no sabe si sube o baja, si entra o sale, o si se le ha parado el ascensor en otra planta. Dice que le gustan las mujeres, le gusta el vino, pero aún está por demostrar que no le falte un hervor para haberse definido del todo. Eso sí, marear le gusta un rato. Suele equiparse con un surtido de palabras y adagios, cuatros frases cutres y dos pensamientos que le bastan para ocultarse una temporada, como si llevase puesto un uniforme de camuflaje. Aún a pesar de esto, es el más fácil de detectar de todos ellos, porque el hombre duda tanto, que hasta duda de sí mismo, y para mentir bien, hace falta estar muy seguro.



Y aunque en twitter, como en la calle, esta fauna masculina no lo es todo y también hay hombres que merece la pena conocer, mañana, nochevieja, he decidido añadir cuatro uvas más a mis doce. Y me las tomaré al son de los cuartos y a mi propia salud, por haber sobrevivido al coñazo mortal que supone aguantar a estos cuatro tipos de tipejos.



Nada más por ahora.
¡Feliz año nuevo a todos!

jueves, 29 de noviembre de 2012

Él la mira a ella que lo mira a él, mientras el falso milord intenta comprender desde su mundo de cartón.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Valerosa hembra:

Como mascarón de proa, expuesta al batir de olas que rugen para amedrentar tripulaciones. Mientras ellos se afanan en guardar el equilibrio, el azote del mar te curte y te envalentona. Sacas pecho, y tus gloriosos pezones cortan el viento sin amilanarse nunca. Hierática y sensual a medias partes, hasta las sirenas enmudecen a tu paso. Te saludamos, valerosa hembra.